En Camboya se realiza -finalmente- el juicio a algunos de los genocidas del Khmer Rouge (KR) o Jemeres Rojos. A “algunos” porque los genocidios son procesos masivos -no actos aislados- de asesinatos que no son realizados por pocas personas. ¿Cómo detener y juzgar a quienes tengan “sangre en las manos” donde incluso miles de niños torturaban y asesinaban a sus propios familiares?¿Qué ha de hacerse con el pasado cuando cae un régimen de terror en el que participaba de manera directa o indirecta una parte sustantiva de la población? ¿Qué hacer cuando para negociar el fin del terror y la apertura a la democracia se exige olvidar lo sucedido? ¿Cómo enfrentar una historia en que ningún bando dejó de acudir al terror para imponer su perspectiva de justicia?
Los expedientes criminales se reactivan hoy en Argentina, Chile y Uruguay, mientras en España se desempolvan los papeles de la Guerra Civil, se abren fosas comunes y se derriban las estatuas del caudillo a más de tres décadas del fin de su régimen. ¿Representan esas tendencias una amenaza a la convivencia democrática?
Todo parece indicar que el reclamo de verdad, memoria y justicia -restaurativa cuando no punitiva- puede ser pospuesto pero no abandonado. La marea inicial de demandas de paz y gobernabilidad puede imponerse en el momento de la apertura democrática, pero siempre retorna, como resaca inevitable, para recordarnos que hay cosas que no pueden borrarse de la memoria y hay daños que reclaman ser reconocidos y, de alguna manera, reparados. Las víctimas necesitan ante todo que se reconozca que lo fueron.
Permítanme algunas consideraciones personales sobre la complejidad del tema:
a) el perdón y las reconciliaciones no pueden decretarse como las amnistías;
b) las amnistías no suponen el perdón ni la inocencia de los amnistiados, sino la suspensión de sentencias y juicios por razones de Estado;
c) perdonar es potestad de las víctimas;
d) amnistía no significa amnesia;
e) sucede a veces que quienes han sido víctimas también son victimarios y viceversa;
f) el concepto laico de reconciliación no reclama el amor o amistad entre víctima y victimario, sino su disposición a reconstruir la convivencia no violenta en el marco institucional de un Estado de Derecho;
g) la forma de abordar los procesos de reconciliación en diferentes sociedades está determinada por las singularidades culturales e históricas del caso en cuestión, por lo que no hay fórmulas universales al respecto.
Pienso que dejar pasar el tiempo sin hurgar demasiado en el pasado puede ser útil en ciertas circunstancias para calmar los ánimos, pero no para cicatrizar heridas. A mediano o largo plazo el reclamo de verdad, memoria y justicia -sea restaurativa, punitiva o una combinación de ambas- vuelve a tomar el centro de la atención de la opinión publica. Las discusiones a veces generan un estado de crispación que degradan las bases de la convivencia democrática y sugieren la posibilidad del retorno de la violencia. Sobre todo cuando cada parte insiste en considerar que el otro bando monopoliza toda la culpa y se considera a si misma depositaria de todo el dolor.
¿Qué creen ustedes?
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