¿Reformismo revolucionario?

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Desde mi punto de vista, lo genuinamente revolucionario es promover la articulación de movimientos ciudadanos que presionen políticamente por la reforma radical de los actuales modelos democráticos. Pero el cambio ha de orientarse al fortalecimiento del paradigma de la democracia….no a su destrucción.

Mi disenso con aquellos que convocan al desmantelamiento del paradigma democrático no es porque los considere “revolucionarios” o “radicales”, sino precisamente porque estimo que -aun cuando no estén concientes de ello- no lo son. Desde mi perspectiva, creo que a menudo promueven políticas reaccionarias -al impulsar el retorno a fórmulas que ya fueron ensayadas con muy controversiales consecuencias- al tiempo que profesan visiones autoritarias y antidemocráticas.

Esas corrientes, por lo general, no buscan fortalecer la autonomía de la sociedad civil, la soberanía ciudadana sobre el sistema político y la plena vigencia de todos los derechos humanos. Sus tendencias centralizadoras, “vanguardistas” y autoritarias reclaman masas que sigan a sus líderes de manera devota e incondicional, no ciudadanos libres, organizados en asociaciones autónomas, en el marco de un Estado de Derecho y dotados de pensamiento crítico. Si bien es cierto que no puede engañarse a todo el pueblo todo el tiempo, cuando comienza a hacerse evidente la verdadera naturaleza del sistema implantado, ya es demasiado tarde y se paga un alto precio por el error.  

Hay quienes después de sufrir en el pasado la opresión de las oligarquías minoritarias ahora creen que ha tocado el turno de privar de libertades a quienes antes no las dispensaban. Desde mi perspectiva -parafraseando la consigna de un conocido grupo guerrillero de los años sesenta- habrá democracias para todos o terminará no habiéndola para nadie. Cuando se comienza por negar las libertades y derechos a un grupo social se termina cercenándolas para toda la sociedad.

Las diversas vertientes de la izquierda desde el siglo XIX dedicaron mucho tiempo a debatir cómo debía tomarse el poder y de que manera debería luego distribuirse la riqueza. Pero rara vez abordaron el tema de cómo administrar democráticamente el poder y cómo se crea la riqueza. En ese déficit teórico están no pocas raíces de grandes fracasos. Proyectos que movilizaron por muchas décadas la buena voluntad y disposición al sacrificio de millones de personas, evolucionaron de manera vergonzosa.

La historia ha conocido ya lo que sucede cuando se comienza, poco a poco, a suprimir las libertades. Primero vienen a detener a tu vecino, luego al otro y finalmente vienen por ti. Rosa Luxemburgo lo vio con claridad: cuando se suprimen las libertades se hace posible que el protagonismo inicial de las masas sea sustituido por el de un partido, el partido por su comité central y éste, a su vez, sea finalmente remplazado por un buró político dominado por una o dos personas.

El socialismo debió haber sido siempre democrático, pero sabemos que bajo esa etiqueta a menudo se vivió otra realidad. Hablar de “socialismo democrático” debería haber representado una innecesaria redundancia. El debate en torno a la reformulación del paradigma socialista no puede escapar al hecho de que la democracia está llamada a ser uno de sus imprescindibles componentes. Pero eso no se resuelve con piruetas retóricas, sino socializando institucionalmente el poder en un marco de libertades y Estado de Derecho.

Por todo lo dicho, creo que el reformismo pro democracia -dirigido a reconstruir sus modelos para fortalecer su paradigma- representa una fuerza radical y progresista, sin por ello dejar de respetar el criterio de los que honestamente ven las cosas de otro modo. Esa es la finalidad de este espacio: facilitar el intercambio respetuoso de perspectivas para aprender de todos.

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2 comentarios

  1. Como le prometi, vuelvo otra vez a su blog. Y como imaginaba encontre de nuevo algo interesante.
    Eso de que las izquierdas se han concentrado en la toma de poder pero no en la generacion de riquezas esta muy bueno…por ahi deben venir muchos de los problemas que se enfrentaron despues.
    Una modesta sugerencia. Creo que deberia incluir el papel de las transnacionales en la busqueda de paradigmas de los procesos democraticos y la distribucion de poder, porque creo que estas son el verdadero poder tras bambalinas en este siglo

  2. Estimada amiga Valdés:

    Le agradezco mucho la atención y sus valiosos comentarios. Tiene toda la razón. Las transnacionales son un factor decisivo en la época en que vivimos y socializar el poder a nivel planetario supone una estrategia para lidiar con ellas. Tendremos que dialogar sobre el tema también en el futuro.

    Reciba un fraternal abrazo,

    Juan Antonio

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