La revolución más urgente es la de nuestro pensamiento

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No vivimos una simple época de cambios; vivimos un cambio de época. La revolución más urgente es la de nuestro pensamiento para poder bregar con desafíos que intentamos entender desde nuestras viejas ideas, concepciones y experiencias. Es en ese contexto que el concepto de paradigma resulta útil para revolucionar nuestras perspectivas. Pero cuando un lector me solicita precisiones adicionales sobre la palabreja me percato de que me he buscado menudo rollo por andar soltando conceptos profesorales en un blog que demanda otro lenguaje. Intentaré escapar de ese entuerto sin perder visitantes a este sitio. Vamos a ver que tal me queda esto.

En los años sesenta del pasado siglo salió a la luz un librito que quizás represente, a largo plazo, la idea más subversiva y radical de ese tiempo pese a la abundancia de movimientos de liberación y manifiestos políticos que lo caracterizaron. Se llamaba “La Estructura de las Revoluciones Científicas”, y fue escrito en 1962 por T. S. Kuhn. Si Marx revolucionó el pensamiento filosófico con once brevísimas tesis en dos cuartillas sobre Ludwig Fuerbach, Kuhn hizo otro tanto con el pensamiento científico en un texto de escasa longitud y gran densidad.

Kuhn explicaba que en el desarrollo de las ciencias había momentos “revolucionarios”. Las revoluciones se producían cuando una interpretación del universo físico era desplazada por otra que resultaba más eficaz para explicarse un número mayor de fenómenos que su antecesora no había logrado desentrañar. Así por ejemplo son momentos de cambio de paradigma las teorías de la física mecánica de Newton, las de la relatividad de Einstein o el principio de incertidumbre de Heisenberg para la física quántica. Pero Kuhn apuntaba que entre uno y otro momento revolucionario la ciencia continuaba teniendo un desarrollo “normal”, con distintas escuelas de pensamiento que hacían nuevos descubrimientos, pero siempre partiendo del paradigma vigente en ese instante. Todavía más interesante para las ciencias sociales es que se ha venido con el tiempo imponiendo el criterio de que diferentes paradigmas pueden resultar complementarios en el quehacer científico. En otras palabras: a veces es mejor acercarse a la solución de algunos problemas por vía del paradigma de Newton y otros resolverlos con el paradigma de la relatividad de Einstein o desde el ángulo de la física quántica.

En el tema que nos ocupa mi criterio  es que el surgimiento del paradigma democrático representa un momento revolucionario aún no agotado en el pensamiento político, en particular en su concepción moderna. El que los principios generales del paradigma hayan sido interpretados y aplicados de manera más o menos estrecha y torcida, y el que sus instituciones se ajusten a la historia de cada lugar -incluida la historia de la lucha de clases- es otra cosa. Esos son los “modelos” con los que se ha venido aplicando el paradigma. Algunos de esos modelos han servido para apaciguar a los oprimidos sin resolver sus problemas, pero eso no quiere decir que no sea posible organizar modelos democráticos que respondan de mejor manera a los intereses mayoritarios sin que ello suponga aplastar a las minorías.   

El lector en cuestión me recuerda que no todos los problemas son explicables y solubles desde el paradigma de la democracia. Otra asidua participante de estos intercambios me llama la atención, en valioso comentario, acerca del poder creciente de las transnacionales; peligroso reto al que la democracia no ha podido poner coto hasta ahora. Creo que tienen toda la razón. Mi objetivo es llamar la atención sobre el hecho de que los desafíos políticos a los que da respuesta la democracia son de gran importancia para quienes se sensibilizan con el tema de la justicia social, mientras que los problemas que generan las soluciones autoritarias no son menos graves que los que pretenden resolver, aun cuando a veces empleen como velo el lenguaje de la emancipación.  

De todos los justos comentarios recibidos hasta ahora el que más me apremia y angustia es el de la necesidad de buscar un lenguaje coloquial para estos intercambios. Espero que tengan la paciencia necesaria para acompañarme en mi aprendizaje. Con vuestra comprensión, paciencia y ayuda creo que lo lograré.

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Una respuesta

  1. Juan Antonio, he leído la sugerencia de un lector en cuanto a que modifiques tu exposición hacia un tono coloquial.
    No creo que debas dar un giro expositivo que signifique perder tu “idiolecto”, pues si expones tus ideas a nivel de “divulgacion popular” probablemente el resultado sea un mayor didactismo y, en consecuencia, más “profesoral”.
    Prueba la opción de presentar esencial y brevemente un asunto x, con pie al debate, y luego segmentas tus puntos de vista en el transcurso del intercambio de los comentarios, pues veo ahí la oportunidad de usar cierta dosis del coloquialismo y del didactismo que te reclaman algunos lectores.

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